martes, 15 de octubre de 2013

"Nunca sueltan a su presa"

Como dice el post de Miguel Ángel Santos, por la vida de todos ha pasado ese profesor al que recordamos con admiración, que nos ha marcado positivamente, un profesor que ha influido sobre nuestra forma de ser y de hacer. Por desgracia este espécimen docente es minoría. Por las manos del docente pasan niños y adolescentes cuya personalidad está en proceso de formación y sobre la que se puede y debe actuar para mejorar y guiar el futuro de los alumnos. M. Ángel Santos destaca que un buen docente tiene como cualidades el compromiso, la perseverancia, el optimismo, la creatividad, la paciencia, el amor por su profesión y el ser competente. Estoy totalmente de acuerdo con estas cualidades, ya que en esencia el profesor es un “vendedor de ideas” y para vender esas ideas con éxito debemos ser buenos comunicadores, adaptarnos a las necesidades de cada alumno (o cliente) y estar motivados.

El buen profesor no nace, se hace. En su proceso de formación, sobre todo los de enseñanza secundaria, además de los conocimientos propios de la especialidad, se deben potenciar habilidades psicológicas  y pedagógicas. La función del profesor no es sólo llegar a clase y dar una lección de economía o de literatura, su cometido va más allá. Un profesor debe conocer a todos y cada uno de sus alumnos, saber cuáles son las fortalezas y debilidades de todos y aprender a cómo potenciar las fortalezas de cada alumno y a cómo ayudar a superar las debilidades de cada alumno. La consecuencia de esto será un docente más capaz y con una actitud más activa, lo que a su vez supondrá una mejora de los resultados académicos y sobre todo una sociedad más realizada, más comprometida y más competente. Seamos buenos docentes.

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