Al contrario de lo que se suele pensar, detrás de un IES hay mucho más
que aulas y alumnos. Dicho de este modo parece que los IES son un ente frio,
sin vida, pero no es así. Los centros educativos juegan (o deberían jugarlo) un
papel primordial en su contexto social, hacen partícipes en el proceso
educativo (o deberían hacerlo) a las familias y al resto del entorno que les
rodea (empresas, organizaciones).
Como
podemos ver en este esquema, los institutos son en esencia organizaciones, como
lo puede ser cualquier empresa privada. La diferencia es que las empresas
privadas tienen objetivos mercantilistas (maximizar sus beneficios) y los
institutos persiguen objetivos sociales y educativos. Detrás de estos hay una
estructura burocrática, mediante la que se asignan funciones y
responsabilidades. Los IES no pueden dejar mucho a la improvisación y tienen
que realizar planes educativos y planificaciones didácticas para cada curso,
adaptar los currículos a las características de su entorno y a sus alumnos. En
definitiva, normalmente consideramos que el trabajo de un profesor sólo
consiste en dar clases, pero detrás de esas clases hay mucho más. Hay largas
horas de planificación y organización de los contenidos y competencias a
trabajar, de evaluación del trabajo realizado, de mantenimiento del centro, de
reuniones y claustros con los departamentos y el equipo directivo, etc.

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