El
pasado 6 de noviembre tuvimos examen!! El propósito de este “examen” era que de
forma inconsciente practicáramos los diversos modos de evaluación. La profesora
repartió 3 tipos de exámenes, y a cada alumno nos tocó uno diferente. Había un
examen tipo test, otro de desarrollo teórico y un último para reflexionar sobre
el tipo de evaluación que habíamos pensado aplicar en la actividad didáctica
del Glogster. Al finalizar el examen
y al hablar con los compañeros nos enteramos de que cada uno tenía un examen
distinto, y todos comentamos lo difícil o fácil que era cada tipo de examen. El
resultado, de más preferido a menos, fue el siguiente:
La conclusión fue que preferíamos aquellos tipos de
examen más fáciles de aprobar, no aquellos que nos permitieran mostrar mejor
todo lo que sabemos. Al igual que los alumnos preferimos el tipo test, “muchos”
profesores (no todos) también lo preferirán puesto que su corrección es mucho
más rápida y directa (si la respuesta correcta es a), no puede ser ni b) ni c)
lo que hace que los alumnos no puedan reclamar nota al profesor). Sin embargo,
el tipo test no siempre es el método de evaluación más adecuado. Debido a que
las respuestas son cerradas, los alumnos no pueden expresar su conocimiento al
completo, y deben responder a unas preguntas que en ocasiones están mal
formuladas y enrevesadas. Bajo mi punto de vista, de entre estos tres métodos,
el mejor sería el tercero pues supone que los alumnos apliquen un conocimiento
teórico previo a un caso práctico concreto. Esto al profesor no solo le
demuestra que el alumno se sabe la teoría, sino que también sabe cómo
utilizarla en la práctica y la comprende.

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